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Ideología en los contenidos mediáticos: Estudio sobre las series televisivas en España desde la perspectiva de la Cultura de Paz

Resumen

Casi todos los estudios, al menos desde España, que analizan la influencia mediática sobre la ideología y las cosmovisiones, se centran en el estudio de informativos y discursos políticos. Sin embargo, partimos de la hipótesis de que los contenidos de entretenimiento (cine, shows de televisión, culebrones, videojuegos, etc) pueden incluso tener una influencia mayor en la ideología, actitudes y creencias de las personas que los propios informativos y los discursos políticos. En este artículo se exponen los resultados obtenidos del análisis de las principales series televisivas en España durante 2011, vinculados a una muestra de 2204 ciudadanos, con el objetivo de detectar las correlaciones que existen entre la ideología de la audiencia y la ideología dominante en discurso de la propia serie.

Enlace al texto completo:
http://mhcj.es/index.php?journal=mhcj&page=article&op=view&path%5B%5D=54

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La invisibilidad de la izquierda

Artículo de Beatriz Gimeno, publicado en elplural.com. Para leerlo pinche aquí.

Decía Jaques Delors en una entrevista publicada el domingo que la izquierda ya no es ni siquiera dueña de su propio vocabulario. En un artículo publicado en este mismo medio Vicenç Navarro hablaba también de cómo los medios de comunicación permiten sin problemas la expresión de argumentos claramente de derechas o muy de derechas, mientras que no dan entrada a argumentos claramente de izquierdas, sino únicamente a aquellos más “moderados” o de centro.De manera que sí, que a las personas de izquierdas nos van robando el vocabulario y la posibilidad de expresar ideas claramente de izquierdas, y la población en general termina por creer que existe la derecha, incluso la extrema derecha, -que no se cortan un pelo-, y que por el otro lado, está el centro. La idea que se extiende es que que mantener posiciones de netamente izquierdistas es algo extremo, raro, marginal…ya que dichas ideas ni aparecen con nitidez en los medios, ni las expresan los políticos (desde luego no los que gobiernan, nunca) Se va educando en la sensación de que ser de izquierdas es algo vergonzoso o clandestino, algo propio quizá de jóvenes alocados, pero no de personas maduras y normales.

La consigna es la siguiente: uno puede ser claramente de derechas y estar a favor de los crucifijos, en contra del aborto, del matrimonio gay, en contra de lo público o en contra de una política impositiva progresiva y no pasa nada; una postura semejante puede ser perfectamente defendida en público. Pero si uno/a es de izquierdas y está por quitar los crucifijos del espacio público, a favor del aborto como derecho (derecho, Señor Bono, derecho), a favor de que los impuestos cobren más a los ricos, mucho más, a favor de lo público frente a lo privado… parece que no puede decirlo con claridad si quiere tener acceso a los medios.

He aquí un ejemplo que me hizo pensar mucho. Cuando hace un par de semanas se celebraron elecciones en Uruguay y estas fueron ganadas ampliamente por el exguerrillero Jose Mugica, en el telediario de las nueve de la noche, en Televisión Española, el locutor dio paso a la enviada en Montevideo con la siguiente afirmación (literal): “Existe el temor que de que Jose Mugica sea más de izquierdas que su antecesor ¿no?” a lo que la enviada respondió: “Existía ese temor, pero no parece fundado ya que Mugica ha moderado su lenguaje en esta segunda vuelta”. Yo, que lo estaba escuchando tuve que preguntarme: ¿quien teme que Mugica sea de izquierdas? No serán los electores, que le han votado masivamente aun cuando, efectivamente, parece más de izquierdas que su antecesor. ¿No será entonces que los electores son mayoritariamente de izquierdas y es justamente eso lo que quieren de su gobierno? Finalmente por mucho que los medios o los comentaristas en general no quieran entenderlo, no quieran asumirlo, puede que lo que ocurre sea algo tan simple como que los votantes, a veces, quieren que gobierne la izquierda, una izquierda que parezca de izquierdas, en su lenguaje y en sus actuaciones: en Uruguay, en Bolivia o en Venezuela. Y que el problema es cuando la izquierda parece que desaparece y sus votantes quedan huérfanos, como en Italia.

Aquí, sin ir más lejos, pasa lo mismo. Votamos al PSOE para que gobernara la izquierda. Cuando el PSOE llevó adelante cambios sociales importantes y de izquierdas, ganó las siguientes elecciones. En la segunda legislatura, en cambio, echaron el freno, llegó la moderación, el miedo, el “no vaya a parecer que somos muy de izquierdas”. Así que reforma fiscal más o menos de derechas, el aborto ya no es un derecho de las mujeres (la palabra “derecho” desaparece de cualquier argumentación), quitar los crucifijos de los espacios públicos ya no está en la agenda, y apatía o directamente temor en la defensa de lo público, que no asume nadie frente a las privatizaciones de la derecha. ¿A quién teme asustar Zapatero? ¿Por qué dan por hecho que no somos mayoría los votantes que le pedimos que sea y que parezca de izquierdas? Los votantes de izquierdas le llevamos a la Moncloa, pero una vez allí parece que se trata de no asustar a la derecha. Lo cierto es que el PSOE hace tiempo que empezó a perder las elecciones y que las perderá posiblemente. Las comenzó a perder el mismo día en que tuvo miedo de asustar a la derecha e incluso a la extrema derecha en lo que hace a sus relaciones con la iglesia. Pero los que le votamos en su día y los que ahora estamos asustados somos las personas de izquierdas que, a pesar de la invisibilidad a la que se nos somete, existimos.
Beatriz Gimeno es escritora y ex presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales

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